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miércoles, 2 de marzo de 2011

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
1. EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO

a) - El silencio interno
b) - Detener el diálogo interno
c) - El arte del silencio interior (por Daniel Cúperman)
e) - La sabiduría del silencio interno (por Oskar Salazar)
f) - Del Silencio interno y Místico (por Miguel de Molinos)
g) - Más allá del pensamiento (por Eckhart Tolle)
El conocimiento silencioso fue una faceta entera en la vida y actividades de los brujos que vivieron en México en tiempos antiguos. De acuerdo con Don Juan Matus, el conocimiento silencioso era el resultado más codiciado por ellos, y lo buscaban a través de cada una de sus acciones y pensamientos.
Don Juan definió el conocimiento silencioso como un estado de la conciencia humana en el que todo lo que es pertinente al hombre es instantáneamente revelado, no a la mente o al intelecto, sino al ser total.
Explicó que existe una banda de energía en el universo que los chamanes llaman la banda del hombre, y que dicha banda está presente en los seres humanos. Me aseguró que para los chamanes videntes, quienes ven directamente cómo fluye la energía en el universo, y que pueden ver al ser humano como un conglomerado de campos energéticos en forma de una esfera luminosa, la banda del hombre es un borde de luminosidad compacta que corta transversalmente la esfera luminosa en un ángulo de izquierda a derecha. La totalidad de la esfera luminosa es del tamaño de los brazos extendidos hacia los lados y hacia arriba y, en esa esfera luminosa, la banda del hombre mide quizá alrededor de treinta centímetros de ancho.
El conocimiento silencioso, explicó Don Juan, es la interacción de energía dentro de esa banda, una interacción que es instantáneamente obvia para el chamán que ha logrado alcanzar el silencio interno. Don Juan dijo que el hombre común y corriente tiene una noción vaga de esta interacción energética. El hombre la intuye y trata de deducir su funcionamiento, de descubrir sus permutaciones. Por otro lado, un chamán recibe una descarga de la totalidad de esta interacción en cualquier momento en que la ejecución de esta interacción sea solicitada.
Don Juan me aseguró que el preludio al conocimiento silencioso es un estado de la percepción humana que los chamanes llaman el silencio interno, un estado libre de pensamientos y verbalizaciones silenciosas, al que los chamanes llaman el diálogo interno.

No importa cuánto se esforzó Don Juan por hacerme comprender sus definiciones y explicaciones sobre el conocimiento silencioso, éstas permanecieron siempre oscuras, misteriosas, inescrutables. En su esfuerzo por aclarar aún más este punto, Don Juan me dio una serie de ejemplos concretos del conocimiento silencio. El que más me gusto, debido a su alcance y a su pertinencia, es algo que el llamaba los lectores del infinito.
En su búsqueda continua por encontrar soluciones y respuestas, a sus indagaciones, los chamanes del México antiguo descubrieron que cuando se alcanza el silencio interno, la conciencia del hombre puede dar fácilmente un salto a la percepción directa de la energía reflejada en cualquier horizonte dado. Ellos usaban el cielo como horizonte, así como las montañas o, en un espacio más reducido, las paredes de sus moradas. Eran capaces de ver energía reflejada en esos horizontes como si estuvieran viendo una película. Describieron concisamente este fenómeno, como la visualización de la energía con apariencia de un matiz.
La sobriedad y el pragmatismo eran para estos chamanes dos requisitos indispensables para alcanzar el conocimiento silencioso, para entrar en otros reinos de percepción. Para navegar de manera genuina en lo desconocido se necesita una actitud de osadía, pero no de descuido. Para establecer un balance entre la audacia y el descuido, un chamán tiene que ser extremadamente sobrio, cauteloso, hábil y estar en un soberbia condición física.
Don Juan decía que había cinco asuntos en la vida de esos chamanes alrededor de los cuales giraba su búsqueda del conocimiento silencioso.
Estos cinco temas eran:
                    1. Los pases mágicos;
                    2. El centro energético en el cuerpo humano llamado el centro de decisiones;
                    3. La recapitulación: el medio para acrecentar el alcance de la conciencia humana;
                    4. El ensueño: el verdadero arte de romper los parámetros de la percepción normal;
                    5. El silencio interno: el estado de la percepción humana desde el cual esos chamanes realizaban cada uno de sus logre perceptivos.

Don Juan continuó explicando que los chamanes que vivieron en México en tiempos remotos, y que establecieron su linaje, fueron capaces de alcanzar el conocimiento silencioso después de haber entrado en su matriz: el silencio interno. Dijo que el silencio interno era un logro de tan tremenda importancia, que lo consideraban la condición esencial del chamanismo.





"Lo  que se consigue con el silencio de la mente es una desconección con   todo lo superfluo que hay en nosotros, se asemeja a una muerte del yo   ordinario, condición necesaria para que renazca el verdadero Yo que  es  el  único que puede sintonizar con el Espíritu."




"En esencia la meditación zen procura al practicante el silencio interno a través de la postura y la respiración, a quien lo logra se le abren las puertas al conocimiento directo."




"El silencio interno supone descansar del pensamiento, de las emociones, de la imaginación y la voluntad. Cuando se impone el silencio, puede brotar la intuición."


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El silencio interno

Don Juan definió el silencio interno como un estado peculiar de ser en que los pensamientos se cancelan y uno puede funcionar a un nivel distinto al de la conciencia cotidiana. Hizo hincapié en que el silencio interno consistía en suspender el diálogo interno -el compañero perenne del pensamiento- y debido a eso, era un estado de profunda quietud.

- Los antiguos chamanes -dijo don Juan- le llamaron silencio interno porque es un estado en el cual la percepción no depende de los sentidos. Lo que funciona durante el silencio interno es otra facultad que posee el hombre, una facultad que hace de él un ser mágico...

Siguiendo los racionalismos de los chamanes del México antiguo, Don Juan declaró categóricamente que el silencio interno se amontonaba, se acumulaba. En mi caso, luchaba para guiarme a construir un núcleo de silencio interno dentro de mí, y luego añadir a él, segundo a segundo, cada vez que lo practicara. Me explicó que los chamanes del México antiguo descubrieron que cada individuo tenía un umbral diferente de silencio interno en cuanto a tiempo, es decir, que el silencio interno debe ser mantenido por cada uno de nosotros durante el período de tiempo de nuestro umbral específico antes de que funcione.

- El silencio interno funciona desde el momento en que empiezas a acumularlo -contestó-. Los chamanes andaban detrás del dramático resultado final, el de alcanzar ese umbral individual de silencio. Algunos practicantes muy talentosos necesitan sólo unos cuantos minutos de silencio para llegar a esa codiciada meta. Otros, menos talentosos, necesitan largos períodos de silencio, quizás más de una hora de quietud completa, antes de llegar al resultado tan deseado. El resultado deseado es lo que los antiguos chamanes llamaban detener el mundo, el momento en que todo lo que nos rodea cesa de ser lo que siempre ha sido.

Ése es el momento en que los chamanes regresan a la verdadera naturaleza del hombre -siguió Don Juan-. Los antiguos chamanes también le llamaban libertad total. Es el momento en que el hombre esclavo se convierte en el hombre, el ser libre, capaz de proezas de percepción que son un desafío a nuestra imaginación linear.

- Los chamanes necesitan un punto de ruptura para que el funcionamiento del silencio interno empiece -dijo Don Juan-. El punto de ruptura es como el mortero que mete el albañil entre los ladrillos. Es sólo cuando se endurece el mortero que los ladrillos sueltos se vuelven una estructura.

Cada chamán que conozco, hombre o mujer, en un momento u otro llega al punto de ruptura de su vida.

- ¿Quiere usted decir que sufren algo así como una crisis mental? -pregunté.

- No, no -dijo, riéndose-. Las crisis mentales son para aquellas personas que se entregan a sí mismas. Los chamanes no son personas. Lo que quiero decir es que, en un momento dado, la continuidad de sus vidas tiene que romperse para que se establezca el silencio interno y se haga una parte activa de sus estructuras.
Es muy, muy, importante -siguió don Juan-, que tú mismo deliberadamente llegues a ese punto de ruptura, o que lo crees, artificiosamente, inteligentemente.

- ¿Qué quiere decir con eso, Don Juan? -le pregunté, atrapado por su intrigante razonamiento.

- Tu punto de ruptura -dijo-, es descontinuar tu vida tal como la conoces.

- Creo que todo se reduce a un acto -dijo-. Tienes que dejar a tus amigos. Tienes que despedirte de ellos para siempre. No es posible que continúes en el camino del guerrero cargando contigo tu historia personal y a menos que descontinúes tu manera de vida, no voy a poder seguir con mi instrucción.

- Momento, momento, momento, Don Juan -dije-. Tengo que frenarlo. Me pide usted que haga algo demasiado difícil. Para serle muy sincero, no creo que pueda hacerlo. Mis amigos son mi familia, mis puntos de referencia.

- Precisamente, precisamente -comentó-. Son tus puntos de referencia. Por consecuencia, tienen que irse. Los chamanes tienen un solo punto de referencia: el Infinito.
"El lado activo del Infinito"
Carlos Castaneda


"El diálogo interior se interrumpe como ha comenzado, por un acto de la voluntad.
Cada vez que el diálogo cesa, el mundo se desploma y salen a la superficie facetas extraordinarias de nosotros mismos, como si nuestras palabras las hubieran tenido bajo guardia. Eres como eres porque te dices a tí mismo que eres así".
El mundo es así como es sólo porque hablamos con nosotros mismos acerca de que es así como es. Cambiar nuestra idea del mundo es la clave de la brujería. Y la única manera de lograrlo es parar el diálogo interno.
Una de las cosas que nos ocurren es que nos estamos hablando continuamente acerca de las cosas. Acerca de nosotros, del mundo, de las personas. Entonces etiquetamos, ponemos distinciones, opinamos, generamos un juicio.

Según lo expresado por el Brujo Don Juan Matus, el diálogo interno no es otra cosa que el continuó decirnos a nosotros mismos, a través de la razón, que el mundo es así o de otra manera y que nosotros somos de esta forma especial en que somos. El diálogo interno no es más que el torrente de pensamientos que está forzando a "la realidad", para que ésta se ajuste a nuestra forma de pensar. Este es el motivo por el cual los hombres comunes y corrientes, siempre se la pasan peleados o aburridos con "el mundo", pues el mundo es para ellos nada más que un montón de ideas.

Según Don Juan, suspender el diálogo interno (detener nuestras ideas de cómo es el mundo y cómo somos nosotros) es la clave de la brujería. Este hecho posibilita nada más ni menos que el pasaje a "la otra realidad" a percibir "los otros mundos" .

Parar el diálogo interno, posibilitaría dejar de gastar energía en el sostenimiento del mundo como "objetos y conceptos" que se ajustan a nuestra razón, y este ahorro sustancial de energía posibilitaría al guerrero " percibir la energía tal como fluye en el universo", libre de las limitaciones que proporcionan la razón y los 5 sentidos.

En verdad, nos pasamos la vida hablándonos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo, y este parloteo constante, nos roba una desmesurada cantidad de energía . Cuando aprendemos a parar este diálogo interno, el mundo cesa y se desploma; y salen a la superficie facetas extraordinaria de nosotros mismos, como si nuestras palabras la hubieran tenido bajo guardia. Somos como somos, porque nos decimos a nosotros mismos quienes somos. De ahí que repitamos las mismas elecciones una y otra vez, hasta el día de nuestra muerte, cuando en verdad hay una infinita variedad de elecciones por hacer, y que no realizamos, por estar "definidos" por este "habladuría constante, que nos limita y nos encuadra.

Ahora bien.....cuál es la forma o el método más adecuado, para conseguir detener este diálogo???

Don Juan decía que el modo de terminar con nuestro diálogo interno es utilizar exactamente el mismo método mediante el cual nos enseñaron a hablar con nosotros mismos: fuimos enseñados compulsiva y sostenidamente, y así es como debemos detenerlo: compulsiva y sostenidamente.

El detener el diálogo interno, como un medio para poder conectarnos con nuestra "contraparte divina", nuestro "yo superior" o como prefieran llamarlo, es una práctica contemplada también en diversidad de religiones tales como la misma Iglesia Católica, en el Budismo, en el hinduismo etc. y enseñada también en las escuelas de carácter esotérico, su importancia es primordial, ya que posibilita "desconectarnos" del ego, el cual se ha convertido en un guardián implacable, que "filtra" toda percepción, que no provenga de la razón o de los sentidos, eliminando todo intento del "nagual" por manifestarse en "esta realidad".

El diálogo interno está sumamente relacionado con la llamada "historia personal", ya que mediante esta, llegamos a concebir al mundo y a nosotros mismos de una manera determinada. Pongamos por ejemplo a un niño de corta edad: su historia personal está limitada a el conocimiento que tiene de su nombre, de sus padres y de su entorno más cercano: humanos, parientes. Todavía no fue a la escuela, o sea que no tiene aún prejuicio alguno en materia de conocimientos y razonamientos, por lo tanto puede percibir sin dificultad a seres tales como a elementales de la naturaleza por ejemplo, pero sus mayores le dicen que eso no existe, que ese tipo de "fantasía" no está bien visto, y terminan por eliminar este "contacto". Cuando va a la escuela y aprende "la ciencia y la lógica", termina por desechar totalmente todo aquello que no se enmarque en estos preceptos "científicos". Va creando su mundo a través de la razón y de la palabra: los pilares del ego para construir esta realidad física.

A través del diálogo interno, "nos estabilizamos" en esta realidad, fijamos nuestro punto de encaje en una posición inamovible, que nos permite percibir solamente lo que nuestro ego considera "razonable y lógico. " Mover este punto de encaje es uno de los logros máximos del guerrero

El guerrero tiene que "parar el mundo", deteniendo su diálogo interno, ese diálogo a través del cual se alimenta y refuerza la descripción del mundo. El mundo es así como es porque hablamos con nosotros mismos acerca de que es así como es; y luego acumulamos recuerdos sobre ello. Para ayudar a detener el diálogo interno, Don Juan le dice a Carlos que tiene que borrar su historia personal. ¿Qué significa esto?, no depender de todas las formas mentales que se han creado en torno a nuestra persona, provenientes de los demás y de nosotros mismos. Todos cuantos nos conocen tienen una idea de nosotros, y nosotros alimentamos esa idea con nuestros actos, y esto, en cierto modo, nos esclaviza. Los que nos conocen nos dan por hechos, y desde ese momento nos resulta difícil romper el lazo de sus pensamientos. Aunque también nos esclaviza la imagen que tenemos sobre nosotros mismos.

Nos hablamos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo. De hecho, mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno. Y cuando dejamos de hablarnos sobre nosotros mismos y nuestro mundo, el mundo es siempre como debería ser. Con nuestro diálogo interno lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De ahí que repitamos las mismas elecciones una y otra vez hasta el día en que morimos, porque continuamos repitiendo el mismo diálogo interno una y otra vez hasta el preciso momento de la muerte. Un guerrero es consciente de ello y lucha por detener su diálogo interno.
El mundo es todo lo que hay aquí encerrado: la vida, la muerte, la gente y todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desentrañaremos sus secretos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es: un absoluto misterio.

Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importantes que el mundo. De modo que un guerrero trata el mundo como un misterio interminable, y lo que la gente hace, como un desatino sin fin.

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El arte del silencio interior

Una de las cosas que nos ocurren es que nos estamos hablando continuamente acerca de las cosas. Acerca de uno mismo, del mundo, de las personas. Entonces etiquetamos, ponemos distinciones, opinamos, generamos un juicio.
Podríamos decir que estamos continuamente describiendo y sosteniendo la realidad con un discurso propio.

Parecería entonces una utopía y que nos resulte imposible poner la mente en blanco con el objetivo de silenciarnos para captar lo que nos rodea sin las propias distorsiones.
Al intentar lograrlo generalmente tenemos fantasías de lo que es poner la mente en blanco.
Algunos imaginan literalmente pensar en el color blanco o intentar visualizar una pantalla de cine blanca, un paisaje nevado etc. Con estas fantasías de lo que es "poner la mente en blanco", seguimos metidos y creando desde el pensamiento.

Del mismo modo hacemos descripciones del mundo, situaciones y personas, calificando de lindo, feo, bueno, malo, agradable, desagradable, "me conviene, no me conviene". Continuamos así sosteniendo nuestro propio discurso, nuestras propias opiniones. También está lo que nos describieron otros, algo que nos contaron de cómo deben ser las cosas. Seguimos contándonos esta realidad a nosotros mismo reacomodándola de acuerdo a nuestros gustos o disgustos. Generamos así más y más ilusión con nuestras interpretaciones sobre aquello que está u ocurre allí.
Con este modo de intentar comprender lo que pasa no producimos en nosotros la calidad de silencio necesario para observar, conectarnos y palpar lo que realmente es.

Las disciplinas orientales nos dicen que nada de esto tiene que ver con la Realidad.
Este modo de funcionar y "leer" lo que pasa nos aleja de ella, nos impide ver escuchar o sentir lo que verdaderamente es para luego poder tomar nuestras decisiones y actuar en forma acorde a lo que realmente está pasando.
Este diálogo interno o pensamiento cotidiano tiene un formato, un modo y se puede mapear, podemos darnos cuenta de cómo funciona.

Imaginamos cosas como en una película, sucesos pasados o verse a uno mismo actuando, hablando y diciendo tal o cual cosa en el futuro. Podemos escuchar un discurso optimista o pesimista y esto parece venir de ciertos lugares del cuerpo o fuera de él. Esto es una forma de describir lo sucedido o lo que sucederá y obviamente es falso. Estaríamos interpretando, sobreinterpretando, imaginando.

Esto crea algunos problemas. Por ejemplo cuando conocemos a una persona y nos decimos: "Esta persona se parece al tío Francisco".
El tío Francisco puede haber sido buena o mala persona este recuerdo tiñe nuestra visión, nuestra escucha y nuestro sentir de este momento presente y a partir de nuestra descripción, bañada por el recuerdo, comenzamos a conectarnos desde un lugar irreal e inadecuado con esta persona que tenemos delante. No la observamos a ella, no escuchamos ya lo que dice ni prestamos atención a lo que hace. Está sobreimpuesta todo el tiempo ésta máscara del tío Francisco que le hemos puesto.
Esto no solo lo hacemos con las personas, lo hacemos con los lugares, lo hacemos con las plantas, con los animales. A lo que son realmente le agregamos “lo nuestro”.

Si uno lograse, hacer un alto del tiempo y pudiera parar con esta narración del mundo, de etiquetar, de imaginar de rellenar, de charlar sobre él, este parar nos permitiría realmente percibir lo que es.


La sabiduría del silencio interno

Cultivar la sabiduría del silencio interno es uno de los mejores métodos para conservar nuestra energía, reequilibrar nuestro ser profundo, y preservar nuestra salud física, emocional y espiritual.

La habladuría constante a través de nuestra mente y de nuestra boca, agotan el Chi, y nos debilitan considerablemente.

El mental rechaza el silencio porque el silencio no tiene límites, no tiene forma, y no se puede definir. El mental ama los sonidos y los ruidos porque se parecen a los pensamientos. Se les puede dar una forma, una definición, analizarlos y conceptuarlos. El mental evita el silencio porque para el ego el silencio es el sonido de la muerte.

Sin embargo, el silencio es el estado natural de todas las cosas, y es necesario aprender a respetar esto comenzando por el interior de nosotros mismos. Para poder penetrar en el Camino del Tao, debemos encarnar el silencio interno. Los sabios taoístas nos han legado una serie de consejos útiles y prácticos que descubrieron hace mucho tiempo gracias al cultivo del silencio interno.

Habla simplemente cuando sea necesario, piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca, sé breve y preciso, ya que, cada vez que dejas salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi. Así aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

Nunca hagas promesas que no puedes cumplir. No te lamentes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque esto producirá a tu alrededor todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi. Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la Naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las distintas circunstancias que se presentan en nuestra vida. Si te identificas con el éxito, tendrás éxito; si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así, podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el Universo escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios. Siendo como un espejo, sin prejuicios, aprendemos a hablar de otra manera.

Con el mental tranquilo y en silencio, sin darle la oportunidad de imponerse con sus opiniones personales, evitamos que tenga reacciones, emociones excesivas. Simplemente permite que una comunicación sincera y fluida exista.

No te des mucha importancia, sé humilde, porque cuanto más superior te muestres, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen, viviendo en un mundo de tensión y de ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberarás de la opinión de los otros, y llevarás una vida tranquila, volviéndote invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao.

No compitas con los demás, vuélvete como la Tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, sus virtudes, y a brillar.

El espíritu competitivo hace que crezca el ego, y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente, si actúas de manera precipitada, sin tomar consciencia profundamente de la situación, te vas a crear complicaciones.

La gente no tiene confianza en aquellos que dicen «sí» muy fácilmente, porque saben que ese famoso «sí», no es sólido y le falta valor.

Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo que no sabes, o que no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo, el hecho de no saber es muy incómodo para el ego, porque le gusta saber todo, siempre tener razón, y siempre dar su opinión muy personal.

En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace de cuenta que sabe. Evita el hecho de juzgar y de criticar. El Tao es imparcial y sin juicios. Uno se hace un favor si silencia la razón. Hay resistencias tremendas a ideas, juicios... El hombre es un tanto por ciento de razón y de otras cosas.

La maravilla la hace el hombre cuando no piensa. Es tremendo someter todo a los criterios de la razón. Eso es un atropello.

El hombre tiene otra parcela que es la imaginación. Es una parcela importante. La imaginación trabaja mucho. Te ilusionas. A veces haces horas extraordinarias. No deja de trabajar. Hay que dar descanso.

Devolver al silencio la imaginación. Para que luego pueda ser más creativa. El mundo de nuestra emoción es otra pieza que hay que hacer descansar. En un breve espacio de tiempo se está desalentado, animado, furioso, contento... Las emociones ahogan. Hay que devolver la calma. No excitarlas, darles calma. No nos pueden estrechar ni cansar. Devolver el silencio a la emoción. Es un acto lleno de salud. Otra pieza que existe en nosotros es la voluntad de desearlo todo. De poseerlo.

Es bueno dar silencio a nuestra voluntad. El deseo nos orienta hacia fuera. No hay que desear nada. No es preciso. En este campo profundo todo está ya en el hombre. Todos los recursos están dentro. Hay que tener confianza.

Hay que sospechar que los recursos que necesitamos para vivir están dentro.

El silencio es bueno para alejar los deseos de uno mismo. Si yo vivo deseando algo, me apoyo en otra cosa. Surge la agitación.

Nos aíslan de nosotros mismos. Silencio en nuestros deseos. Para no alejarnos de nuestro corazón. Cuando todas las piezas entran en sosiego puede brotar la intuición. Es una luz rápida. Se enciende en nosotros y nos ayuda a caminar. Cuando algo se ve desde dentro, no se necesita ayuda ni respuesta. Nadie puede cambiarnos si la luz se hace dentro.

Nadie puede decirnos nada. Esta luz sólo se pone en marcha cuando todo se serena. No somos lo que nos empeñamos ser. Un silencio para permitirse ser. Permitirse vivir. La intuición es hija del silencio. La presencia del Reino en nosotros se intuye desde el silencio.

El silencio es el espacio para esta intuición, esta revelación. No es callar por callar. Es callar para permitir que la vida se dilate, se expanda. Son los ruidos los que tapan esa fuerza interior. Los que nos dividen en mil piezas sin sentido. Acallarlos es encontrar de nuevo la confianza y la salud.











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Del Silencio interno y Místico

"Tres formas hay de silencio:

El primero es de palabras, el segundo de deseos y el tercero de pensamientos. El primero es perfecto, más perfecto es el segundo y perfectísimo el tercero. En el primero, de palabras, sé alcanza la virtud; en el segundo, de deseos, se consigue la quietud; en el tercero, de pensamientos, el interior recogimiento. No hablando, no deseando ni pensando, se llega al verdadero y perfecto silencio místico, en el cual habla Dios con el alma, se comunica y le enseña en su más íntimo fondo la más perfecta soledad y alta sabiduría. A esta interior soledad y silencio místico la llama y conduce cuando le dice que le quiere hablar a solas, en lo más secreto e íntimo del corazón. En este silencio místico has de entrar si quieres oír la suave, interior y divina voz. No basta con huir del mundo para alcanzar ese tesoro ni tampoco renunciar a sus deseos ni desapegarse de todo lo criado, si no te despegas de todo deseo y pensamiento. Reposa en este místico silencio y abrirás la puerta para que Dios se comunique, té una consigo y te transforme.

La perfección del alma no consiste en hablar ni en pensar mucho en Dios, sino en amarle mucho. Alcanzase este amor por medio de la resignación perfecta y el silencio interior.

Desengáñate, que no está el amor perfecto en los actos amorosos ni en las tiernas jaculatorias, ni en los actos internos con que tú le dices a Dios que le amas más que a ti misma. Podrá ser que entonces te busques más a ti y a tu amor que el verdadero y de Dios; porque obras son amores, que no buenas razones...

...Procura con silencio resignarte en todo que, de ese modo, sin decir que le amas, alcanzarás el amor perfecto, el más quieto, eficaz y verdadero...

...La divina sabiduría es un conocimiento intelectual e infuso de las divinas perfecciones y de las cosas eternas, que más debería llamarse contemplación que especulación. La ciencia es adquirida y engendra el conocimiento de la naturaleza. La sabiduría es infusa y engendra el conocimiento de la divina bondad. Aquélla quiere conocer lo que se alcanza sin trabajo y sudor; ésta desea ignorar que conoce y, por eso mismo, lo alcanza todo."

El presente texto ha sido ex­traído
del libro de Miguel de Molinos 

Más allá del pensamiento

Texto tomados del libro "El silencio habla"
de Eckhart Tolle

Pensar es una etapa en la evolución de la vida. La naturaleza existe en una quietud inocente que es anterior a la aparición del pensamiento. El árbol, la flor, el pájaro o la roca no son conscientes de su propia belleza y santidad. Cuando los seres humanos se aquietan, van más allá del pensamiento. La quietud que está más allá del pensamiento contiene una dimensión añadida de conocimiento, de conciencia.

La mayoría de la gente se pasa la vida aprisionada en los confines de sus propios pensamientos. Nunca van más allá de un sentido de identidad estrecho y personalizado, fabricado por la mente y condicionado por el pasado.
En ti, como en cada ser humano, hay una dimensión de conciencia mucho más profunda que el pensamiento. Es la esencia misma de tu ser. Podemos llamarla presencia, alerta, conciencia incondicionada.
Hallar esa dimensión te libera, y libera al mundo del sufrimiento que te causas a ti mismo y a los demás cuando sólo conoces el "pequeño yo" fabricado por la mente, que es quien dirige tu vida. El amor, la alegría, la expansión creativa y una paz interna duradera sólo pueden entrar en tu vida a través de esa dimensión de conciencia incondicionada.

Si puedes reconocer, aunque sea de vez en cuando, que los pensamientos que pasan por tu mente son simples pensamientos, si puedes ser testigo de tus hábitos mentales y emocionales reactivos cuando se producen, entonces esa dimensión ya está emergiendo en ti como la conciencia en la que ocurren los pensamientos y emociones.

La corriente de pensamientos tiene una enorme inercia que puede arrastrarte fácilmente. Cada pensamiento pretende tener una gran importancia. Quiere captar toda tu atención. No te tomes tus pensamientos demasiado en serio.
Tienes que ser más amplio que el pensamiento para darte cuenta de que tu manera de interpretar "tu vida", o la vida o conducta de otra persona, cualquier manera que tengas de juzgar una situación, no es más que un punto de vista, una de las muchas perspectivas posibles. No es más que una cadena de pensamientos. Pero la realidad es una totalidad unificada donde todas las cosas están entrelazadas, donde nada existe en y por sí mismo. El pensamiento fragmenta la realidad, la corta en pedazos y en fragmentos conceptuales.

La mente pensante es una herramienta útil y poderosa, pero también muy limitante cuando se adueña completamente de tu vida, cuando no te das cuenta de que sólo es un pequeño aspecto de la conciencia que eres.

Cuando estás inmerso en el pensamiento compulsivo, estás evitando lo que es. No quieres estar donde estás. Aquí, Ahora.
¿Cuál es el error básico? La identificación con el pensamiento.
El despertar espiritual es el despertar del sueño del pensamiento.

El reino de la conciencia es mucho más vasto de lo que el pensamiento puede entender. Cuando dejas de creerte todo lo que piensas, sales del pensamiento y ves con claridad que el pensador no es quien tú eres.
El pensamiento que no está enraizado en la auto-conciencia se sirve a sí mismo y es disfuncional. El ingenio exento de sabiduría es extremadamente peligroso y destructivo. Constituye el estado habitual de la mayor parte de la humanidad. La expansión del pensamiento por vías científicas y tecnológicas, aunque no es intrínsecamente bueno ni malo, también se ha vuelto destructivo, porque muy a menudo el proceso mental del que surge no hunde sus raíces en la conciencia.

El paso siguiente en la evolución humana es trascender el pensamiento. Actualmente es nuestra tarea más urgente. Esto no implica dejar de pensar, sino dejar de identificarse completamente con el pensamiento, dejar de estar poseídos por el pensamiento.

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TEXTOS EN LA RED

"El silencio habla" de Eckhart Tolle
"Guía espiritual" de Miguel de Molinos


ARTÍCULOS EN EL BLOG


El arte del silencio interior
Comunicando el Diálogo Interno
-b

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lunes, 28 de febrero de 2011

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
3 - LOS NIVELES DE ATENCION

La primera atención
El primer anillo de poder
La segunda atención
El segundo anillo de poder
La tercera atención

"Don Juan dividía la conciencia en tres partes. A la primera porción y más pequeña la llamó "primera atención"; esta conciencia es la "común", la que todos tenemos y en la cual enfrentamos el mundo cotidiano, y está relacionada con la conciencia del cuerpo físico. A la siguiente porción de la conciencia, mucho mayor en tamaño, la llamó la "segunda atención", y es la que percibe el hombre como un capullo luminoso, al mundo como energía, y que nos permite actuar como "seres luminosos". La segunda atención siempre se mantiene en la "trastienda" de nuestra conciencia y sale a través de un trabajo dirigido y disciplinado, o por medio' de un trauma accidental que la puede poner en funcionamiento. La tercera atención, que es la última parte y la mayor en dimensión, es una conciencia de los cuerpos físico y luminoso."

La atención es domar y enriquecer la consciencia a través del proceso de vivir y constituye el logro individual mayor del hombre.
Una de las metas de la enseñanza era desarrollar la segunda atención. Se conseguía mediante un esfuerzo riguroso y sistemático llamado "no hacer". Definía el no hacer, como un acto insólito que emplea a nuestro ser total, forzándolo a ser consciente del segmento luminoso.
Para explicarlo, Don Juan, dividió la consciencia en tres segmentos: la primera, es la consciencia con la cual toda persona normal enfrenta la vida, abarca la consciencia del cuerpo físico, es el tonal o del lado derecho. Es la consciencia animal y tiene dominio absoluto sobre nosotros. Los videntes la ven como un intenso resplandor ambarino, en la parte superior del capullo. Esta consciencia consume demasiada energía y tiempo en las acciones e interacciones en la vida cotidiana.

La segunda atención o nagual, o del lado izquierdo, es la única que nos permite crear y la necesitamos para ver nuestro capullo. Esta atención se queda en el trasfondo de nuestra vida a no ser que mediante un entrenamiento deliberado o un trauma accidental, se manifieste. Ella tiene una necesidad inherente de economizar velocidad. Se pone en funciones cuando se utilizan las emanaciones interiores del capullo.
Esta consciencia del lado izquierdo, acelera nuestra comprensión, nos permite enfocar con inconcebible lucidez sólo una cosa a la vez y esto nos vuelve vulnerables. No se puede actuar independientemente mientras se está en ella. Uno tiene que ser ayudado por guerreros que ya hayan obtenido la libertad total
de sí mismos y saben como hay que desempeñarse en ese estado.
El campo de batalla de un guerrero es la segunda atención. Se puede obtener a través del ejercicio de detener el diálogo interno, y una forma de obtenerlo es no enfocar con la mirada, cruzar los ojos, para realzar la visión periférica, y con esto acrecentar la capacidad de concentración.


Para Don Juan, la segunda atención tiene dos caras. La primera es la más fácil, es la cara maléfica, sucede cuando las personas la usan para enfocar su atención en cosas de este mundo, como poder, sexo y dinero. La otra es más difícil y ocurre cuando enfocan su atención en cosas que ya no son de este mundo, como el viaje a lo desconocido. Los guerreros necesitan ser absolutamente impecables para alcanzarla.

La primera atención es la que ordena la percepción del mundo de lo conocido; la segunda atención ordena el mundo de lo desconocido y la tercera atención, integrada por estas dos, puede organizar mucho mejor lo que queda por conocer.











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La primera atención

La atención es lo que nos hace percibir las emanaciones del Águila como el acto de "desnatar".
Don Juan me explicó que a la primera atención se le ha enseñado a moverse instantáneamente a través de todo un espectro de "las emanaciones del Águila", sin poner el menor énfasis evidente en ello, a fin de alcanzar "unidades perceptuales" que todos nosotros hemos aprendido que son perceptibles. Los videntes llaman "desnatar" a esta hazaña de la primera atención, porque implica la capacidad de suprimir las emanaciones superfluas y seleccionar cuáles de ellas se deben enfatizar.

Don Juan explicó este proceso tomando como ejem­plo la montaña que veíamos en ese momento. Sostuvo que mi primera atención, al momento de ver la montaña, ha­bía desnatado una infinita cantidad de emanaciones para obtener un milagro de percepción; un desnate que todos los seres humanos conocen porque cada uno de ellos lo ha logrado alcanzar por sí mismo.

Los videntes dicen que todo aquello que la primera aten­ción suprime para obtener un desnate, ya no puede ser re­cuperado por la primera atención bajo ninguna condición. Una vez que aprendemos a percibir en términos de desnates, nuestros sentidos ya no registran las emanaciones superfluas. Para dilucidar este punto me dio el ejemplo del desnate "cuerpo humano". Dijo que nuestra primera atención está totalmente inconsciente de las emanaciones que componen el luminoso cascarón externo del cuerpo físico. Nuestro ca­pullo oval no está sujeto a la percepción; se han rechazado las emanaciones que lo harían perceptible en favor de las que permiten a la primera atención percibir el cuerpo físico tal como lo conocemos.

Por tanto, la meta perceptual que tienen que lograr los ni­ños mientras maduran, consiste en aprender a aislar las emana­ciones apropiadas con el fin de canalizar su percepción caótica y transformarla en la primera atención; al hacerlo, aprenden a construir desnates. Todos los seres humanos maduros que rodean a los niños les enseñan a desnatar. Tarde o temprano los niños aprenden a controlar su primera atención a fin de percibir los desnates en términos semejantes a los de sus maestros.

Don Juan nunca dejó de maravillarse con la capacidad de los seres humanos de impartir orden al caos de la percepción. Sostenía que cada uno de nosotros, por sus propios méritos, es un mago magistral y que nuestra magia consiste en imbuir de realidad los desnates que nuestra primera atención ha aprendido a construir. El hecho de que percibimos en térmi­nos de desnates es el mandato del Águila, pero percibir los mandatos como objetos es nuestro poder, nuestro don má­gico. Nuestra falacia, por otra parte, es que siempre acabamos siendo unilaterales al olvidar que los desnates sólo son reales en el sentido de que los percibimos como reales, debido al poder que tenemos para hacerlo. Don Juan llamaba a esto un error de juicio que destruye la riqueza de nuestros misterio­sos orígenes.

El primer anillo de poder

A los desnates les da sentido el primer anillo de poder.
Don Juan decía que el primer anillo de poder es la fuer­za que sale de las emanaciones del Águila para afectar exclusi­vamente a nuestra primera atención. Explicó que se le ha re­presentado como un "anillo" a causa de su dinamismo, de su movimiento ininterrumpido. Se le ha llamado anillo "de po­der" debido, primero, a su carácter compulsivo, y, segundo, a causa de su capacidad única de detener sus obras, de cam­biarlas o de revertir su dirección.

El carácter compulsivo se muestra mejor en el hecho de que no sólo apremia a la primera atención a construir y perpetuar desnates, sino que exige un consenso de todos los participantes. A todos nosotros se nos exige un completo acuerdo sobre la fiel reproducción de desnates, pues la conformidad al primer anillo de poder tiene que ser total.

Precisamente esa conformidad es la que nos da la certeza de que los desnates son objetos que existen como tales, in­dependientemente de nuestra percepción. Además, lo com­pulsivo del primer anillo de poder no cesa después del acuer­do inicial, sino que exige que continuamente renovemos el acuerdo. Toda la vida tenemos que operar como si, por ejem­plo, cada uno de nuestros desnates fueran perceptualmente los primeros para cada ser humano, a pesar de lenguajes y de culturas, Don Juan concedía que aunque todo eso es dema­siado serio para tomarlo en broma, el carácter apremiante del primer anillo de poder es tan intenso que nos fuerza a creer que si la "montaña" pudiera tener una conciencia propia, ésta se consideraría como el desnate que hemos aprendido a cons­truir.

La característica más valiosa que el primer anillo de po­der tiene para los guerreros es la singular capacidad de in­terrumpir su flujo de energía, o de suspenderlo del todo. Don Juan decía que ésta es una capacidad latente que existe en todos nosotros como unidad de apoyo. En nuestro estrecho mundo de desnates no hay necesidad de usarla. Puesto que es­tamos tan eficientemente amortiguados y escudados por la red de la primera atención, no nos damos cuenta, ni siquiera vagamente, de que tenemos recursos escondidos. Sin embargo, si se nos presentara otra alternativa para elegir, como es la opción del guerrero de utilizar la segunda atención, la capaci­dad latente del primer anillo de poder podría empezar a fun­cionar y podría usarse con resultados espectaculares.

Don Juan subraya que la mayor hazaña de los brujos es el proceso de activar esa capacidad latente; él lo llamaba blo­quear el intento del primer anillo de poder. Me explicó que las emanaciones del Águila, que ya han sido aisladas por la primera atención para construir el mundo de todos los días, ejerce una presión inquebrantable en la primera atención. Para que esta presión detenga su actividad, el inten­to tiene que ser desalojado. Los videntes llaman a esto una obstrucción o una interrupción del primer anillo de poder.



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La segunda atención

Don Juan me hizo entender que describir la segunda atención como un proceso era una metáfora de brujos, y que la segunda atención se podía definir como el producto de un desplazamiento del punto de encaje. Un desplazamiento que debe ser intentado, empezando por intentarlo como una idea, y acabando por intentarlo como un estado de conciencia fijo y controlado, donde uno se da cabal cuenta del desplazamiento del "punto de encaje

Don Juan me explicó que el examen de la segunda atención debe de comenzar con darse cuenta de que la fuerza del primer anillo de poder, que nos encajona, es un lindero físico, concre­to. Los videntes lo han descrito como una pared de niebla, una barrera que puede ser llevada sistemáticamente a nuestra con­ciencia por medio del bloqueo del primer anillo de poder; y luego puede ser perforada por medio del entrenamiento del guerrero.

Al perforar la pared de niebla, uno entra en un vasto estado intermedio. La tarea de los guerreros consiste en atravesarlo hasta llegar a la siguiente línea divisoria, que se deberá perforar a fin de entrar en lo que propiamente es el otro yo o la segun­da atención.

Don Juan decía que las dos líneas divisorias son perfecta­mente discernibles. Cuando los guerreros perforan la pared de niebla, sienten que se retuercen sus cuerpos, o sienten un inten­so temblor en la cavidad de sus cuerpos, por lo general a la de­recha del estómago o a través de la parte media, de derecha a izquierda. Cuando los guerreros perforan la segunda línea, sienten un agudo crujido en la parte superior del cuerpo, algo como el sonido de una pequeña rama seca que es partida en dos.

Las dos líneas que encajonan a las dos atenciones, y que las sellan individualmente; son conocidas por los videntes como las líneas paralelas. Estas sellan las dos atenciones mediante el hecho de que se extienden hasta el infinito, sin permitir jamás el cruce a no ser que se les perfore.

Entre las dos líneas existe un área de conciencia específica que los videntes llaman limbo, o el mundo que se halla entre las líneas paralelas. Se trata de un espacio real entre dos enor­mes órdenes de emanaciones del Águila; emanaciones que se hallan dentro de las posibilidades humanas de conciencia. Uno es el nivel que crea el yo de la vida de todos los días, y el otro es el nivel que crea el otro yo. Como el limbo es una zona transi­cional, allí los dos campos de emanaciones se extienden el uno sobre el otro. La fracción del nivel que nos es conocido, que se extiende dentro de esa área, engancha a una porción del pri­mer anillo de poder; y la capacidad del primer anillo de poder de construir desnates, nos obliga a percibir una serie de desna­tes en el limbo que son casi como los de la vida diaria, salvo que aparecen grotescos, insólitos y contorsionados. De esa ma­nera el limbo tiene rasgos específicos que no cambian arbitra­riamente cada vez que uno entra en él. Hay en él rasgos físicos que semejan los desnates de la vida cotidiana.

Don Juan sostenía que la sensación de pesadez que se experimenta en el limbo se debe a la carga creciente que se ha colocado en la primera atención. En el área que se halla justa­mente tras de la pared de niebla aún podemos comportarnos como lo hacemos normalmente; es como si nos encontráramos en un mundo grotesco pero reconocible. Conforme penetra­mos más profundamente en él, más allá de la pared de niebla, progresivamente se vuelve más difícil reconocer los rasgos o comportarse en términos del yo conocido.

Me explicó que era posible hacer que en vez de la pared de niebla apareciese cualquier otra cosa, pero que los videntes han optado por acentuar lo que consume menor energía: visualizar ese lindero como una pared de niebla no cuesta ningún esfuerzo.

Lo que existe más allá de la segunda línea divisoria es conocido por los videntes como la segunda atención, o el otro yo, o el mundo paralelo; y el acto de traspasar los dos linderos es conocido como "cruzar las líneas paralelas".

Don Juan pensaba que yo podía asimilar este concepto más firmemente si me describía cada dominio de la conciencia co­mo una predisposición perceptual específica. Me dijo que en el territorio de la conciencia de la vida cotidiana, nos hallamos inescapablemente enredados en la predisposición perceptual de la primera atención. A partir del momento en que el primer anillo de poder empieza a construir desnates, la manera de cons­truirlos se convierte en nuestra predisposición perceptual normal. Romper la fuerza unificadora de la predisposición perceptual de la primera atención implica romper la primera lí­nea divisoria. La predisposición perceptual normal pasa enton­ces al área intermedia que se halla entre las líneas paralelas. Uno continúa construyendo desnates casi normales durante un tiem­po. Pero conforme se aproxima uno a lo que los videntes llaman la segunda línea divisoria, la predisposición perceptual de la pri­mera atención empieza a ceder, pierde fuerza. Don Juan decía que esta transición está marcada por una repentina incapacidad de recordar o de comprender lo que se está haciendo.

Cuando se alcanza la segunda línea divisoria, la segunda aten­ción empieza a actuar sobre los guerreros que llevan a cabo el viaje. Si éstos son inexpertos, su conciencia se vacía, queda en blanco. Don Juan sostenía que esto ocurre porque se están aproximando a un espectro de las emanaciones del Águila que aún no tienen una predisposición perceptual sistematizada. Mis experiencias con la Gorda y la mujer nagual más allá de la pa­red de niebla era un ejemplo de esa incapacidad. Viajé hasta el otro yo, pero no pude dar cuenta de lo que había hecho por la simple razón de que mi segunda atención se hallaba aún in­formulada y no me daba la oportunidad de organizar todo lo que había percibido.

Don Juan me explicó que uno empieza a activar el segundo anillo de poder forzando a la segunda atención a despertar de su estupor. El bloqueo funcional del primer anillo de poder logra esto. Después, la tarea del maestro consiste en recrear la condición que dio principio al primer anillo de poder, la con­clusión de estar saturado de intento. El primer anillo de poder es puesto en movimiento por la fuerza del intento dado por quienes enseñan a desnatar. Como maestro mío él me estaba dando, entonces, un nuevo intento que crearía un nuevo me­dio perceptual.

Don Juan decía que toma toda una vida de disciplina incesan­te, que los videntes llaman intento inquebrantable, preparar al segundo anillo de poder para que pueda construir desnates del otro nivel de emanaciones del Águila. Dominar la predis­posición perceptual del yo paralelo es una hazaña. de valor in­comparable que pocos guerreros logran. Silvio Manuel era uno de esos pocos.

Don Juan me advirtió que no se debe intentar dominarla deliberadamente. Si esto ocurre, debe de ser mediante un pro­ceso natural que se desenvuelve sin un gran esfuerzo de nuestra parte. Me explicó que la razón de esta indiferencia estriba en la consideración práctica de que al dominarla simplemente se vuelve muy difícil romperla, pues la meta que los guerreros persiguen activamente es romper ambas predisposiciones per­ceptuales para entrar en la libertad final de la tercera atención.

El segundo anillo de poder

"Cuando nacemos traemos un anillo de poder. Casi desde el principio, empezamos a usar ese anillito. Así que cada uno de nosotros está enganchado desde el nacimiento, y nuestros anillos de poder están unidos con los anillos de los demás.
En otras palabras, nuestros anillos de poder están enganchados al "hacer" del mundo para construir el mundo. Un hombre de conocimiento, en cambio, desarrolla otro anillo de poder. Yo lo llamaría el anillo de "no-hacer". Así, con ese anillo, puede urdir otros mundos."
Don Juan

Don Juan decía que el núcleo de nuestro ser era el acto de percibir, y a partir de la percepción se llegaba a la toma de conciencia; estos estados (la percepción y la conciencia) funcionan como una sola unidad; esta unidad tenía dos esferas: una era la "atención del tonal" o "el primer anillo de poder", el mundo de la razón y de los pensamientos. Y la otra era la "atención del nagual" o "el segundo anillo de poder", el mundo de la voluntad y de los actos. Don Juan señala que la única libertad que tiene el guerrero en el mundo cotidiano consiste en llevar una conducta impecable.

"Lo más difícil del mundo, para un guerrero, es dejar ser a los otros...
La impeca­bilidad de un guerrero consiste en dejar de ser y apoyar a los demás en lo que realmente son. Desde luego, eso implica confiar en que los otros son también guerreros impecables.
‑¿Y si no son guerreros impecables?
‑Entonces tu deber es ser impecable y no decir pa­labra ‑replicó‑. El Nagual sostenía que sólo un brujo que ve y ha perdido la forma puede permitirse ayudar a otro..."
"El segundo anillo de poder"
Carlos Castaneda







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La tercera atención

La primera atención fuerza a percibir el mundo de energía como un mundo de ideas y objetos, es la conciencia animal que toma en cuenta el universo cotidiano. Representa el mayor triunfo del hombre común. Sin embargo y en realidad, somos seres capaces de volvernos conscientes de nuestra luminosidad.
La segunda atención, más compleja y más especializada, está ligada a lo desconocido, pero se puede acceder fácilmente a ella y por eso resulta atractiva.
La tercera atención se manifiesta cuando el fulgor de la conciencia deviene el fuego interior. De hecho todos los seres humanos acceden a ella en el momento de la muerte, alcanzando así a lo incognoscible. Antes de morir se "llenan" de su totalidad para inmediatamente entrar en la tercera atención y ser devorados por el Águila.

La tercera atención es la conciencia inconmensurable que incluye los aspectos indefinibles de la conciencia de los cuerpos físico y luminoso. Se alcanza cuando el resplandor de la consciencia se convierte en el fuego interior y enciende todas las emanaciones del Águila que está en el interior del capullo del hombre. El logro supremo de los seres humanos, es alcanzar ese nivel de atención y al mismo tiempo retener la fuerza de la vida, sin convertirla en consciencia incorpórea.

La Toltequidad propone, a través de sus enseñanzas, llegar a la totalidad de uno mismo y, antes de morir, pasar a "voluntad" en la tercera atención, pero sin perder la conciencia de uno mismo, es decir sin ser devorados por el Águila, recibiendo el "don del Águila".


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El espectro de la Conciencia



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domingo, 27 de febrero de 2011

 

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
1. LAS EMANACIONES DEL AGUILA

a) - La percepción
b) - La burbuja de la percepción
c) - ¿Que es la realidad?
d) - El punto de encaje
e) - Seis proposiciones explicatorias
f) - Los desnates


"La percepción y concepción que Don Juan tiene de la realidad y el tiempo son indudablemente muy distintas a la nuestra. Si bien a nivel de la cotidianeidad Don Juan es siempre impecable, esto no impide que sepa que "de este lado" todo es definitivamente pasajero."

Según Don Juan lo que constituye "el mundo" son las emanaciones del Águila; los antiguos videntes, a través de las plantas de poder y de cientos de años de experimentos y fracasos lograron ver la fuerza que es el origen de todo. A esta fuerza le llamaron el Águila porque, al vislumbrarla brevemente, le encontraron parecido a un águila blanca y negra de tamaño infinito. Pero ni es un águila ni se parece a ella; es sólo una forma de humanizar o conceptualizar algo que es imposible de describir.

Los antiguos videntes también descubrieron que, debido a nuestra consciencia de ser, creemos que nos rodea un mundo de objetos, pero que en realidad son las emanaciones del Águila, fluidas, en movimiento, inalterables, eternas. El Águila otorga la consciencia de ser para que la desarrollemos y acrecentemos a través de nuestra vida pero, al final de ella, nuestra consciencia de ser es devorada o absorbida por el Águila (la fuerza, el infinito, lo total). Para los antiguos videntes la razón de la existencia de los seres humanos entre otros seres vivos es desarrollar y acrecentar la consciencia de ser, y esta energía que produce la consciencia de ser es requerida por el Águila.

Pero finalmente, como dice Don Juan, no existen ni Águila ni emanaciones, sino algo que ningún ser vivo puede comprender. Sin embargo, el Águila y las emanaciones son algo tan real para los toltecas y la Toltequidad como para uno lo puede ser el tiempo o la fuerza de la gravedad.
Recibir el Don del Águila es la meta final de los videntes; es la libertad total o la consciencia total.

Lo que percibimos como mundo son las emanaciones del Águila.
Don Juan me explicó que el mundo que percibimos no tiene existencia trascendental. Como estamos familiariza­dos con él creemos que lo que percibimos es un mundo de objetos que existen tal como los percibimos, cuando en rea­lidad no hay un mundo de objetos, sino, más bien, un universo de emanaciones del Águila.
Esas emanaciones representan la única realidad inmuta­ble. Es una realidad que abarca todo lo que existe, lo per­ceptible y lo imperceptible, lo cognoscible y lo incognoscible. (o bien lo imperceptible , lo que se puede conocer y lo que no se puede conocer)
Los videntes que ven las emanaciones del Águila las llaman mandatos a causa de su fuerza apremiante. Todas las criaturas vivientes son apremiadas a usar las emanaciones, y las usan sin llegar a saber lo que son. El hombre común y corriente las interpreta como la realidad. Y los videntes que ven las emanaciones las interpretan como la regla.
A pesar de que los videntes ven las emanaciones, no tienen manera de saber qué es lo que están viendo. En vez de enderezarse con conjeturas superfluas, los videntes se ocupan en la especulación funcional de cómo se pueden interpretar los mandatos del Águila. Don Juan sostenía que intuir una real­idad que trasciende el mundo que percibimos se queda en el nivel de las conjeturas; no le basta a un guerrero conjeturar que los mandatos del Águila son percibidos instantáneamente por todas las criaturas que viven en la tierra, y que ninguna de ellas los perciben de la misma manera. Los guerreros deben tratar de presenciar el flujo de emanaciones y "ver" la manera como el hombre y otros seres vivientes lo usan para construir su mundo perceptible.
Cuando propuse utilizar la palabra "descripción" en vez de emanaciones del Águila, Don Juan me aclaró que no estaba haciendo una metáfora. Dijo que la palabra descripción connota un acuerdo humano, y que lo que percibimos emer­ge de un mandato en el que no cuentan los acuerdos humanos.
 
La percepción

Una premisa de la brujería es que los parámetros de nuestra percepción normal nos han sido impuestos como parte del proceso de adaptación social, no en forma por completo arbitraria pero con todo prescritos de manera forzosa. Uno de los aspectos de dichos parámetros obligatorios es el sistema de interpretación que convierte los datos sensoriales en unidades significativas, las cuales convierten al orden social en una estructura de interpretación.
Nuestro funcionamiento ordinario dentro del orden social requiere una adhesión ciega y fiel a todos sus preceptos, ninguno de los cuales da posibilidad de percibir energía de manera directa. Don Juan afirmaba, por ejemplo, que es posible percibir a los seres humanos como campos energéticos en forma de enormes, blanquecinos huevos luminosos.
A fin de lograr la hazaña de aumentar nuestra capacidad de percepción requerimos energía interna. Por lo tanto, el problema de proveerse de energía interna necesaria para cumplir con tal tarea se torna la principal preocupación de los estudiosos de brujería.

Don Juan decía que la percepción es una facultad física que cultivan las criaturas vivientes; el resultado final de este cultivo en los seres humanos es conocido, entre los videntes, como "atención". Don Juan describió la atención como el ac­to de enganchar y canalizar la percepción. Dijo que ese acto es nuestra hazaña más singular, que cubre toda la gama de alternativas y posibilidades humanas. Don Juan estableció una distinción precisa entre alternativas y posibilidades. Alternativas humanas son las que estamos capacitados para escoger como personas que funcionan dentro del medio so­cial. Nuestro panorama de este dominio es muy limitado. Po­sibilidades humanas resultan ser aquellas que estamos capa­citados para lograr como seres luminosos.

Don Juan describe un esquema clasificatorio de tres tipos de atención, enfatizando que llamarlos "tipos" es erróneo. De hecho, se trata de tres niveles de conocimiento: la primera, la segunda y la tercera atención; cada una de ellas es un domi­nio independiente, completo en sí.

Para un guerrero que se halla en las fases iniciales de su aprendizaje, la "primera atención" es la más importante de las tres. Don Juan decía que sus proposiciones explicatorias eran intentos de traer al primer plano el modo como funciona la primera atención, algo que es totalmente desapercibido por nosotros. Consideraba imperativo que los guerreros compren­dieran la naturaleza de la primera atención si es que iban a aventurarse en las otras dos.








La burbuja de la percepción

La burbuja de la percepción está en el tonal y es allí donde se estructuran todos nuestros sentimientos; donde está nuestra "organización unificada" de los millones de átomos que tienen la voluntad de conformar nuestra unidad. Cuando nacemos se conforma el "racimo" que se desintegra y regresa al lugar de origen cuando morimos. Lo que hacen los brujos al entrar al nagual es muy parecido a lo que es la muerte, excepto que el "racimo" no se desintegra sino que se expande sin perder la unión. Los brujos, a través de la Toltequidad, pueden entrar al nagual desde un punto que llaman "la voluntad",. que les permite expandir su racimo y dejar que se organice y reorganice en todas las formas posibles, y regresar del nagual a la isla del tonal (Es lo que logra hacer Castaneda en su salto al vacío, desde una montaña, concluyendo con esto la enseñanza del lado del tonal).

Ese es el momento en el que el guerrero se convierte en hombre de conocimiento pues ha logrado la impecabilidad en la isla del tonal, y con humildad busca en el nagual llegar a la libertad total.

¿Que es la realidad?





"Don Juan es un hombre libre. El busca la libertad, su espíritu la busca. Don Juan está libre de ese prejuicio básico; el prejuicio perceptivo que no nos deja ver la realidad".






"El mundo es tal como parece y sin embargo no lo es. No es tan sólido y real como nuestra percepción nos ha llevado a creer, pero tampoco es un espejismo. Nosotros percibimos. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendemos qué percibir"






"La afirmación de que la "Realidad es el sujeto absoluto" no es verdadera ni falsa sino que está vacía, no tiene el menor sentido, porque también podríamos afirmar exactamente lo contrario, que "La Realidad es el objeto absoluto". Lo mismo sucedía en Oriente: "La Realidad es Atmán" contra "La Realidad es Anatmán" hasta que Nagarjuna desmanteló esa forma de pensar de la misma manera que lo haría Kant en Occidente."
Ken Wilber






"Para Prigogine, la realidad es multidimensional y las leyes de cada nivel de realidad son distintas de las leyes de los otros niveles."






"La realidad es una, desde luego, pero comprende diferentes divisiones, reinos o modos de ser. Aquellos que conocen esto y viven conscientes de lo mismo encuentran la felicidad, la bondad y la verdad, cualquiera que sean sus circunstancias, porque su orientación es siempre hacia arriba, hacia una realidad más elevada. Aquellos que viven ignorantes de esto se revuelcan en un pantano de confusión y de apetitos corpóreos, cegados por la realidad finita, inferior y sombría."






"El chamán cree que esta vida es Maya, un sueño, una ilusión y que la realidad es el Otro Mundo, el mundo de Luz y espiritual. El Chamanismo Esencial dice que somos espíritus, que nuestros espíritus han tomado forma en nuestros cuerpos y que hemos bajado desde nuestro hogar en los cielos a este mundo para aprender en diferentes vidas y existencias."






"La realidad es un misterio, lo ha sido siempre y lo más probable es que lo siga siendo. Un paradigma sirve para relacionarse con ese misterio de forma que sea más o menos predecible."

















El punto de encaje

La concepción de la realidad y la concepción de la realidad de los chamanes, está ligada al movimiento del punto de encaje. Los chamanes sostienen que cualquier cosa que percibimos delante nuestro está determinada por la ubicación del punto de encaje. Nacemos dentro de esta realidad..... Ahora bien, los chamanes miran la realidad de forma inmediata. En vez de funcionar con apariencias de la manera en que nosotros lo hacemos en la vida cotidiana... nosotros no percibimos directamente. Nosotros ya hemos filtrado nuestra percepción a través del lenguaje, a través de nuestra cultura, a través de nuestras experiencias pasadas. No estamos percibiendo directamente. El entrenamiento de los chamanes es para regresar a esa percepción directa de la realidad. Ellos se hacen las mismas preguntas que los fenomenólogos: ¿Qué es la percepción? ¿Qué es la realidad? ¿Qué es el acordar? Pero ellos dicen que la percepción es realmente un asunto de tener el punto de encaje en la misma posición. O, digamos que el acordar es que todos tengan el punto de encaje en el mismo lugar. Cuando se mueve de ese lugar, se constituyen otras realidades tan reales como esta en la que nos encontramos ahora. Todos nosotros tenemos la sensación que allí hay algo más pero no tenemos la energía para asirlo. O sentimos que nos gustaría ser diferentes o más coherentes, más claros, más vitales. Pero no lo somos. No podemos por la carga de la sociedad, de nuestro trabajo, de los asuntos de la vida diaria, por nuestras preocupaciones en torno a nosotros mismos, qué es lo que va a pasar conmigo, a mí, a mí mismo, y yo, son los asuntos principales. No tenemos energía para nada más. Existe otra posición que todos nosotros podemos tener y que deberíamos activar. Deberíamos usarla como un contrapeso y eso es lo que nos va a dar la energía para no ser influenciados por la vida cotidiana. Nos va a dar... nos permite tener una pequeña plataforma fuera del atolladero en donde estamos y nos permite ver desde una perspectiva diferente.

Seis proposiciones explicatorias

A pesar de las asombrosas maniobras que don Juan efectuó con mi conciencia, a lo largo de los años yo persistí, obsti­nado, en tratar de evaluar intelectualmente lo que él hacía. Aunque he escrito mucho acerca de estas maniobras, siem­pre ha sido desde el punto de vista experiencial y, además, desde una posición estrictamente racional. Inmerso como estaba en mi propia racionalidad, no pude reconocer las metas de las enseñanzas de don Juan. Para comprender el alcance de estas metas con algún grado de exactitud, era necesario que perdiera mi forma humana y que llegara a la totalidad de mí mismo.
Las enseñanzas de Don Juan tenían como fin guiarme a tra­vés de la segunda fase del desarrollo de un guerrero: la verifi­cación y aceptación irrestricta de que en nosotros hay otro tipo de conciencia. Esta fase se dividía en dos categorías. La primera, para la que Don Juan requirió la ayuda de Don Ge­naro, trataba con las actividades. Consistía en mostrarme ciertos procedimientos, acciones y métodos que estaban dise­ñados a ejercitar mi conciencia. La segunda tenía que ver con la presentación de las seis proposiciones explicatorias:

1. Lo que percibimos como mundo son las emanaciones del Águila.
2. La atención es lo que nos hace percibir las emanaciones del Águila como el acto de "desnatar"
3. A los desnates les da sentido el primer anillo de poder
4. El intento es la fuerza que mueve al primer anillo de poder
5. El primer anillo de poder puede ser detenido mediante un bloqueo funcional de la capacidad de armar desnates.
6. La segunda atención

A causa de las dificultades que tuve en adaptar mi racionali­dad a fin de aceptar la plausibilidad de lo que me enseñaba, don Juan presentó estas proposiciones explicatorias en tér­minos de mis antecedentes escolásticos.

Lo primero que hizo, como introducción, fue crear una escisión en mí mediante un golpe específico en el omóplato derecho, un golpe que me hacía entrar en un estado desusual de conciencia, el cual yo no podía recordar una vez que había vuelto a la normalidad.
Hasta el momento en que Don Juan me hizo entrar en tal estado de conciencia tenía un innegable sentido de conti­nuidad, que creí producto de mi experiencia vital. La idea que tenía de mí mismo era la de ser una entidad completa que podía rendir cuentas de todo lo que había hecho. Además, me hallaba convencido de que el aposento de toda mi con­ciencia, si es que lo había, se hallaba en mi cabeza. Sin embargo, don Juan me demostró con su golpe que existe un centro en la espina dorsal, a la altura de los omóplatos, que obvia­mente es un sitio de conciencia acrecentada.

Cuando interrogué a Don Juan sobre la naturaleza de ese golpe, me explicó que el nagual es un dirigente, un guía que tiene la responsabilidad de abrir el camino, y que debe ser impecable para empapar a sus guerreros con un sentido de confianza y claridad. Sólo bajo esas condiciones un nagual se halla en posibilidad de proporcionar un golpe en la espalda a fin de forzar un desplazamiento de conciencia, pues el poder del nagual es lo que permite llevar a cabo la transición. Si el nagual no es un practicante impecable, el desplazamiento no ocurre, como fue el caso cuando yo traté, sin éxito, de colocar a los demás aprendices en un estado de conciencia acrecen­tada aporreándolos en la espalda antes de aventuramos en el puente.

Pregunté a Don Juan qué conllevaba ese desplazamiento de conciencia. Me dijo que el nagual tiene que dar el golpe en un sitio preciso, que varía de persona a persona pero que siempre se halla en el área general de los omóplatos. Un nagual tiene que ver para especificar el sitio, que se localiza en la periferia de la luminosidad de uno y no en el cuerpo físico en sí; una vez que el nagual lo identifica, lo empuja, más que golpearlo, y así crea una concavidad, una depresión en el cascarón lu­minoso. El estado de conciencia acrecentada que resulta de ese golpe dura lo que dura la depresión. Algunos cascarones luminosos vuelven a sus formas originales por sí mismos, algunos tienen que ser golpeados en otro punto a fin de ser restaurados, y otros más ya nunca recuperan sus formas ovales.

Don Juan decía que los videntes ven la conciencia como una brillantez peculiar. La conciencia de la vida cotidiana es un destello en el lado derecho, que se extiende del exterior del cuerpo físico hasta la periferia de nuestra luminosidad.
La conciencia acrecentada es un brillo más intenso que se asocia con gran velocidad y concentración, un fulgor que satura la periferia del lado izquierdo.
Don Juan decía, que los videntes explican lo que ocurre con el golpe del nagual, como un desalojamiento temporal de un centro colocado en el capullo luminoso del cuerpo. Las emanaciones del Águila en realidad se evalúan y se seleccio­nan en ese centro. El golpe altera su funcionamiento normal.

A través de sus observaciones, los videntes han llegado a la conclusión de que los guerreros tienen que ser puestos en ese estado de desorientación. El cambio en la manera como fun­cione la conciencia bajo esas condiciones hace que ese estado sea un territorio ideal para dilucidar los mandatos del Águila: permite que los guerreros funcionen como si estuvieran en la conciencia de todos los días, con la diferencia de que pueden concentrarse en todo lo que hacen con una claridad y con una fuerza sin precedentes.

Don Juan decía que mi situación era análoga a la que él ha­bía experimentado. Su benefactor creó una profunda esci­sión en él, haciéndolo desplazarse una y otra vez de la con­ciencia del lado derecho a la del lado izquierdo. La claridad y la libertad de su conciencia del lado izquierdo se hallaban en oposición directa a las racionalizaciones e interminables defensas de su lado derecho. Me dijo que todos los guerre­ros son echados a las profundidades de la misma situación que esa polaridad modela, y que el nagual crea y refuerza la escisión a fin de conducir a sus aprendices a la convicción de que hay una conciencia en los seres humanos que no se ha ex­plorado.
"El don del Águila"
Carlos Castaneda

Los desnates

Cuando nosotros miramos un árbol; como seres humanos adultos, serios, nuestros puntos de encaje alinean un número incalculable de emanaciones y logran un milagro. Nuestros puntos de encaje nos hacen percibir un racimo de emanaciones que llamamos árbol.
El punto de encaje no sólo efectúa el alineamiento necesario para la percepción de ese racimo, sino que también borra el alineamiento de ciertas ema­naciones que pertenecen a ese racimo para poder llegar a un mayor refinamiento de la percepción, a un delicado esquema humano que no tiene paralelo.
Los nuevos videntes observaron que sólo los seres humanos son capaces de agrupar emanaciones aún dentro de los racimos normales. Para describir tal cosa Don Juan utiliza la palabra "desnate", y lo compara al acto de recoger la nata de un recipiente de leche hervida, después que se ha enfriado. De igual manera, en térmi­nos de percepción, el punto de encaje del hombre toma una parte de las emanaciones ya seleccionadas para el alineamiento y forma con ellas un esquema más deleita­ble.

"- Los desnates del hombre son más reales que lo que perciben otros seres. Ese es nuestro peligro latente. Son tan reales para nosotros que nos hacen olvidar que los hemos construido nosotros mismos al ordenar a nuestros puntos de encaje que se estacionen donde lo hacen. Nos olvidamos que solamen­te son reales para nosotros porque ese es nuestro coman­do. Tenemos poder para sacar la nata de los alineamien­tos, pero no tenemos poder para protegernos de nues­tros comandos. Eso se tiene que aprender. Darle rienda suelta a nuestros desnates, como lo hacemos, es un error de juicio que pagamos tan caro como los antiguos viden­tes pagaron los suyos."






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TEXTOS EN LA RED

La Gestalt y las leyes de la percepción
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¿Que es la realidad?

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